Convulsión es sin duda la palabra con la que puede ser descrita Colombia en el año de 1986. La violencia del narcotráfico, las guerrillas, los paramilitares y de la naturaleza reflejada en Armero habían dejado al país en estado de profunda crisis que también fue económica, como en el resto de América Latina. “La década perdida”.

Con el ánimo de dar alivio y robustecer el alma y fe de los católicos colombianos, Juan Pablo II llegó a Bogotá el 1ro de Julio de 1986 y estuvo en el país una semana. Hubo multitudinarias concentraciones para escuchar sus palabras, su sublime oración por las víctimas de la tragedia de Armero y de la violencia fratricida que nos habían posicionado como el país más violento del mundo. Trajo consigo un mensaje de fe y deseos de paz.

La semana del 1ro al 8 de julio fue quizá la más tranquila de ese año. Pocas semanas antes Virgilio Barco había sido elegido presidente y los sones de paz se movían con las treguas con las FARC y el M19, igualmente con el humor de una reforma constitucional y la elección democrática de mandatarios locales. 1986 fue el año que dio sello a la política durante la siguiente década y media.

Los esfuerzos de paz y reforma política del país se mantuvieron hasta el desastroso resultado del Caguán bajo la presidencia de Andrés Pastrana, hasta ese entonces la política parecía estática: el tema central era la paz, la violencia pululaba y la izquierda era exterminada. Luego llegó la presidencia de Álvaro Uribe y sabemos cómo trató cada uno de estos temas.

No sabemos a ciencia cierta cuál fue el impacto social y político que tuvo Juan Pablo II en esa década y media en que el país pasó año tras año y poco cambió, solo sabemos qué pasó en esa tranquila semana en particular.

Tres décadas después, el presidente Juan Manuel Santos anunció que el papa Francisco visitará Colombia en septiembre de este año. En todo caso, tres décadas después Colombia no es el mismo país que visitó aquel dirigente de la fe católica.

Para empezar, en 1986 Wojtyla visitó un país casi totalmente católico; situación distinta encontrará Francisco en una Colombia donde las iglesias pentecostales toman protagonismo social y político, la irreligión, el ateísmo, agnosticismo o simplemente la indiferencia religiosa ganan espacios, así como otras religiones ganan reconocimiento y adeptos, como el hinduismo, por ejemplo. La homogeneidad religiosa es una cosa del pasado.

Tampoco somos el país híper violento de hace treinta o veinte años atrás, de manera que tenemos percepciones distintas de cómo nos afectan la violencia y la guerra: unos guiados por la diferencia de la violencia en las ciudades y el campo, otros por sus líderes y proyectos políticos, otros por la indiferencia. El 2 de octubre de 2016 pintó un país político dividido a tres fuerzas inciertas de cara a lo que se vendrá en 2018.

En 1986 tampoco éramos un adalid de unidad, pero durante las tres elecciones siguientes a las de ese año ganaron presidentes proclives a la salida negociada del conflicto armado, pero, ¿gracias al Papa? La paz, en ese entonces, movió votos.

Ahora, con una derecha fortalecida en cabeza de Álvaro Uribe y Alejandro Ordóñez, y su ambigua relación con el catolicismo y los pentecostales, el papa Francisco llega a un país fragmentado política y religiosamente.

En muchas ocasiones Francisco ha demostrado ser un orador como pocos y tener un carisma arrollador, incluso, ha llegado a erigirse como el faro moral de la izquierda sudamericana, sí, esa que llaman “atea” y “castrochavista”.

¿Podrá Francisco traer un mensaje efectivo de paz y unidad para Colombia? Tal vez sí, tal vez no, como tampoco sabemos si fue algo que logró Juan Pablo II, un papa mucho más conservador y político que el actual. Y así como no faltaron políticos de todo tipo lanzándose a besar las manos del Pontífice en 1986, no faltarán quienes lo hagan también en 2017.

Para terminar, si Francisco es el excelente orador y hombre carismático que ha demostrado ser, es más probable que le veamos acompañado de personas como el sacerdote Francisco de Roux y llevando un mensaje más de paz y unidad que político, aunque sabemos que más de uno se aprovechará de ello.

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