En una difícil batalla política el actual gobernador de California, Jerry Brown, se propuso como meta reducir el consumo de petróleo y combustibles del estado a la mitad para 2030.

Esta batalla fue perdida en el Congreso de California, el lobby petrolero persuadió a múltiples congresistas votar negativo a la propuesta del gobernador, persuasión que se trasladó ampliamente a los medios de comunicación para boicotear la propuesta y asegurar que habría desabastecimiento de energía en el estado… entre otras cosas. El gobernador Brown admitió la derrota, pero prometió continuar su lucha contra el cambio climático en el estado.

Aunque el gobernador y quienes le apoyan sintieron la derrota, los datos demuestran que las políticas ambientales del estado ya han hecho caer el consumo de gasolina 15% entre 2007 y 2013, pero también que estas políticas sí podrían llevar a una reducción del consumo de gasolina a la mitad para 2030.

Según científicos de la Union of Concerned Scientists, las regulaciones y políticas ambientales en vigencia reducirían el consumo de gasolina 24% en el período estipulado, una reducción adicional de 17% vendría con el uso ya normado de combustibles alternativos y electricidad vehicular, otro 7% con eficiencia y modernización de los vehículos y un 2% más con reformas e inteligencia de movilidad. Total: 50% menos en quince años.

California es conocido dentro de Estados Unidos por unas estrictas regulaciones en la calidad de combustibles que pueden entrar en circulación, también por los altos estándares tecnológicos exigidos a las automotrices; pero, independiente de ello, por estimular con subvenciones y precios accesibles –para estándares californianos– el uso y adquisición de vehículos eléctricos y con motores de hidrógeno. Medidas por supuesto rechazadas por cuanto gremio se imagine.

Estas regulaciones en el estado han estado encaminadas en mejorar la calidad del aire y reducir su efecto en la salud de los más de 35 millones de californianos que habitan en sus ciudades y preparar el estado para los efectos del cambio climático.

California ha sido uno de los estados de la unión más golpeados por el calentamiento global. La sequía de 2011-2017 fue la más fuerte que ha padecido el estado en su historia registrada, el consumo de agua tuvo que ser recortado 25% y 102 millones de árboles han muerto en este período, de ellos 62 millones lo hicieron en 2016. El valle de San Joaquín, corazón agrícola del estado, tuvo una de las cosechas más pobres de su historia poniendo en riesgo la alimentación de millones de estadounidenses.

No es solo que se acabe los nevados y los inviernos sean cada vez más suaves y cortos, California se está quedando sin agua. En el propósito de tener agua, los californianos están renunciando al petróleo. Están recuperando su aire, ahora quieren recuperar su agua y sus bosques, creando un mejor balance entre el desarrollo humano, económico y ambiental.

Ahora, ¿qué está haciendo Colombia al respecto? Quizá deberíamos tomarnos más en serio el proyecto de hacer de Antioquia una región eléctrica, ¿en qué va este proyecto?…

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