Inconforme se mostró la diputada de Santander Ángela Hernández con la idea que el Ministerio de Educación tuviera la intención de hacer uso del artículo 20 de la ley 1620 para crear una ruta de atención en casos de violencia y un sistema nacional único de convivencia escolar y formación para el ejercicio de los derechos humanos.

La diputada se refirió específicamente a “cátedras de la sexualidad” en las que a niños desde los 5 años se les dijera que su género es un asunto que pueden autodeterminarse y que no necesariamente está relacionado con su sexo biológico, es decir, casos de transgenerismo y a su vez que optaran por usar el uniforme que prefieran sea este el de la falda o el jean.

Aunque la diputada no se aleja de la realidad, pues en lo que menciona el artículo es posible que se contemplen este tipo de asuntos, la verdad es que se queda corta por el inmenso abanico de temas que abarcan los Proyectos pedagógicos de educación para la sexualidad.

Además de la libre determinación sobre sus cuerpos a los niños se les enseñarían:

“…las áreas obligatorias señaladas en la Ley 115 de 1994, relacionados con el cuerpo y el desarrollo humano, la reproducción humana, la salud sexual y reproductiva y los métodos de anticoncepción, así como las reflexiones en torno a actitudes, intereses y habilidades en relación con las emociones, la conshucción cultural de la sexualidad, los comportamientos culturales de género, la diversidad sexual, la sexualidad y los estilos de vida sanos, como elementos fundamentales para la construcción del proyecto de vida del estudiante”

Entonces la salud sexual  y el desarrollo humano son otros de los temas que se tocarían en estas prácticas, teniendo en cuenta la edad de los estudiantes.

Ahora, que desde los 5 años se les informe a los niños que si tienen una expresión de género diferente a la de su sexo no hay nada malo en ellos, no solo es una labor pedagógica, se trata de una acción que va en procura de la salud mental de quienes pasan por esta experiencia y una acción preventiva de matoneo en los compañeros de estos niños. Entonces se previene desde temprana edad los traumas sicológicos y se trabaja por la inclusión en el aula de clase.

Hernández asegura que esto se trata de una imposición de las tradiciones LGBT en los demás niños. Pero entonces si cuando se les dice a los niños que el género es una construcción cultural se incita a que automáticamente cambian su expresión de género u orientación sexual, simplemente nunca tuvieron una identidad de género heteronormativa. En otras palabras, si iban a ser gays o trans, iban a salir del closet tarde o temprano, con o sin esos proyectos pedagógicos. Y los que no, simplemente habrán aprendido que su identidad heterosexual no es la única en el mundo y es tan válida como la de sus compañeros LGBT.

Con las declaraciones de mujeres en política como la diputada Hernández se despierta nuevamente la preocupación por si las acciones afirmativas como las cuotas femeninas en los partidos son suficientes para cambiar los imaginarios patriarcales. Sí las acciones afirmativas que movilizan la igualdad de género en espacios como la política tuvieran un fondo más allá de lo cuantitativo la diputada recordaría que es, por ejemplo, gracias a una acción afirmativa similar a la del artículo 20 de la ley 1620, que ella ocupa un cargo de elección popular.

Durante las declaraciones de la diputada, senadores del Partido de la U, bancada de Hernández, aclararon que estos pronunciamientos no correspondían a la voz institucional del partido, de hecho la diputada sería investigada por homofobia por el comité de ética.

Que sea esta la ocasión para recalcar que no solo el hecho de tener más mujeres en las listas a corporaciones es una acción afirmativa sino también la formación política, atravesada por supuesto por el enfoque de género lo es.

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