Quizás hablar de culpas sea una de esas cosas que no deberían estar permitidas en adelante para lo que debemos enfrentar todos juntos nos guste o no. Culpar a la mitad del país que nos embarcó en un no de incertidumbre no soluciona nada. En este caso cumple la función de diferenciarse de la palabra responsabilidad en el sentido de que si bien los del No tienen “la culpa”, la responsabilidad final de los resultados recae en todos porque, para fortuna o desgracia, de eso se trata la democracia.

Fue una sorpresa que el sí perdiera, claro, pero tal vez fue irresponsable no pensar en esa posibilidad, de lado y lado. ¿Por qué? En todas las entrevistas y sin un ápice de vergüenza el Presidente repetía “no tengo un plan B”, yo lo recibía con optimismo, confieso que en ese entonces estaba tan esperanzada que poniéndome en su lugar, pensar en perder era una posibilidad olvidada, se nos olvidó por un momento que el plebiscito era todo o nada.

Por otra parte, Uribe también nos predijo el triunfo, por su puesto no tan festivo, pero admitiendo que en la marea informativa y mediática parecía haber fortaleza en el sí, sobretodo, imagino yo, por el tema de las encuestas. El uribismo no solo nos vaticinó el triunfo sino que además sugirió que de darse, habría sido un posible fraude. Así fuera con mala onda, eso también nos catapultó mentalmente al éxito.

Ya todos conocemos el resultado, ustedes tan sorprendidos como nosotros, con un matiz en la sorpresa bien diferente. No estaba feliz en los primeros boletines de ver resultados reñidos, no iba a ser una victoria grata ganar con la mitad del país en contra. Pero hay tres asuntos que particularmente me devastaron de que el no ganara.

No, no fue el hecho en sí, la democracia es algo que he sabido respetar y también criticar, las mayorías no siempre nos han entregado lo mejor. En primer lugar, fueron los móviles que los llevaron a eso, lamento no haber dado masivamente con compatriotas que me manifestarán su no de manera argumentada, que conocieran los acuerdos y sobretodo, que después de ser escuchados, escucharan. Sin embargo, creo que eso no habla por todos ustedes, pues además lamento mucho que su deseo se congregue en una sola persona, sé que son diversos en sus opiniones y orígenes. Y digo “no masivamente” porque por supuesto que sí pude conversar tranquila y francamente con varios.

Luego de recibir esa sorpresota, acudí a escuchar a quienes, dicen, los representan, aunque insisto, merecen algo mejor. Y comprobé que por sus declaraciones estaban tan sorprendidos como nosotros. Si el Presidente no tenía plan B, los líderes del no, no tenían plan A. Y habiendo ganado, eso es desolador. Eso es lo segundo que me devastó, nosotros acudimos a las urnas con un plan en la mano de 297 páginas, en contraparte no parecía haber algo tan concreto como eso.

En tercer lugar, después de que Santos intentará arreglar la casa convocando ampliamente a todos los partidos, cita a la que no acudieron sus líderes y alcance asustarme, el Centro Democrático finalmente se pronuncia en torno a los temas que “renegociaria”, una ley de amnistía para otorgarsele solo a una parte de las FARC, por supuesto, a quienes no hubieran cometido crímenes de lesa humanidad. ¿De verdad no sabían que eso está en los acuerdos? Me intriga que hayamos asumido democráticamente una decisión que tendrá implicaciones históricas para el futuro de todos por la vanidad de unos cuantos. Figurar por figurar sin importar si aportan algo nuevo a lo ya acordado es malintencionado e irresponsable.

Durante el 3 de octubre Claudia López lanzó reclamas hacia los del no esperando que acudieran con su propuesta, por supuesto también cuestionando si quiera su existencia. Yo en cambio no quiero esperar pasivamente lo que se proponga, sobretodo cuando sugieren un cambio orientado hacia la moral y los valores familiares, asuntos no muy recurrentes en un acuerdo que repercute sobre el interés general. Yo creo que la moraleja de todo esto fue precisamente no hacerse a un lado cuando “los otros” proponen. Que la oposición tenga una posición privilegiada en este momento no me hace olvidar que perdieron la Presidencia y elecciones locales, incluso en Medellín y Antioquia. Fue su culpa, pero comparto la responsabilidad en lo que se refiere a consensuar y buscar, una vez mas, la paz.

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