La semana pasada muchos salieron en defensa de la familia tradicional colombiana, la cual, según sus defensores, está bajo el constante ataque de la “colonización homosexual”, de la ideología de género, del Ministerio de Educación y la Corte Constitucional, entre otros.

Aunque este discurso en defensa de un modelo familiar considerado como tradición surgió casi que a la par de las luchas jurídicas de la población LGBT por sus derechos civiles, al menos en su forma actual; su centro tiene origen hace más de un siglo, en especial si se considera los movimientos contrarreformistas que surgieron contra el trabajo femenino remunerado y extra-doméstico, contra el divorcio, contra la contracepción, contra los hijos extramatrimoniales y otro sinfín de cambios sociales. Más recientemente, las familias y personas diversas.

A todos estos cambios los sectores eclesiásticos, conservadores y confesionales les llamaron “el fin de la familia”, o al menos una crisis de la misma. Lo cierto viene a ser que si el modelo tradicional de familia que pretenden defender es el de padre y madre con hijos concebidos dentro del matrimonio, este es un modelo cada vez más inexistente, no solo en Colombia principalmente, sino en todas las sociedades occidentales.

Según World Family Map 2014, un estudio reciente realizado por varias universidades de distintos países, los matrimonios son cada vez menos comunes en Colombia y también se han mostrado innecesarios a la hora de concebir hijos. Los resultados arrojados por este estudio señalan solo 20% de las parejas contraen matrimonio y que 84% de los niños colombianos nacen por fuera del matrimonio, y de ellos, solo 35% nacen de uniones maritales de hecho. Esto significa que 51% de los niños nacen en parejas en mayor o menor medida establecidas.

Si bien estos datos son considerablemente altos comparados con los de otros países como Estados Unidos, Francia o Argentina, la caída de la nupcialidad es un fenómeno surgido de varias décadas atrás en las sociedades occidentales, fenómeno que ha ido acompañado de fuertes caídas de las tasas de natalidad.

Continuando el estudio sobre las familias colombianas, se encontró que 11% de los niños vive sin ninguno de sus padres, 22% vive con solo uno de sus padres y que 55% de los niños con otros adultos aparte de sus padres. En consecuencia, el espectro nacional de familia no puede verse reducido a padre-madre-hijos, porque al ser la familia una unidad de vínculos afectivos y solidarios, es evidente que existen familias en Colombia que van más allá de ese modelo. No puede decirse a ese 11% de familias sin padres presentes, tampoco a ese 22% que consta de un padre o madre, o a ese 55% que consta de padre, madre, tíos, abuelos, primos, etc., que no constituyen una familia.

Así, en Colombia no es solo la paternidad matrimonial lo que constituye familia, especialmente porque en un país con cinco décadas de conflicto, los índices de abandono, desplazamiento forzado o económico, viudez o huerfanidad puede ser significativamente mayores.

Analizando el estado económico de las familias, se encuentra que 10% de los niños nace de familias en la pobreza absoluta, que 25% de los niños viven con menos de la mitad del ingreso promedio anual de un colombiano y que 12% padece desnutrición.

En cuanto al tamaño de las familias, su reducción es considerable. Según estimaciones de la ONU, las mujeres tenían en promedio siete hijos en el período 1950-1965, dando un promedio familiar de 9-10 integrantes; según el DANE, en 2005 las colombianas tenían en promedios 2,5 hijos, indicando un promedio familiar de 4,5 integrantes; pero, según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud –ENDS– de 2010, las colombianas tenían en promedio 2,1 hijos, es decir, la reproducción apenas suficiente para asegurar el relevo generacional de los padres (dos padres, dos hijos) y un tamaño familiar de 4 integrantes.

Sin embargo, la ONU proyectó que en el período 2015-2020 las colombianas tendrían en promedio 1,87 hijos en su vida reproductiva, inferior al relevo generacional, y una familia más tendiente a tener tres miembros que cuatro.

Es decir, ni la nupcialidad, ni la unión libre, ni el caso accidental, ya aseguran la reproducción de las parejas, donde es, aunque minoritario, más común y visible los casos de parejas que postergan la reproducción o simplemente no la desean.

Por ello, en las Estadísticas vitales del DANE, es notoria la caída de la natalidad  en el país. En 2015 hubo 97.000 nacimientos menos respecto al año 2000, una caída de 12,9% en la natalidad, sin embargo, la maternidad adolescente se mantuvo constante entre el 2000 y 2012, y solo empezó a descender desde 2013, aunque sigue siendo preocupante.

 

Como muestra el gráfico, entre el 2000 y 2012, 22-24% de los nacimientos correspondieron a madres adolescentes. Puesto que no es común que los adolescentes contraigan matrimonio ni sostengan uniones maritales de hecho, una reducción del embarazo adolescente a la mitad en 2015 hubiese equivalido a que casi 60% de los niños nacidos (cifra similar a la Estados Unidos o Francia) hubiesen nacido de parejas en mayor o menor medida establecidas, en vez de solo la mitad, pero también que hubiesen sido hijos de personas con mayor aptitud y edad para asumir la paternidad.

Paradójicamente, los sectores conservadores y eclesiásticos que tanto critican la concepción de hijos por fuera del matrimonio, son los mismos que se oponen a la educación sexual responsable en los colegios, donde están las y los adolescentes quienes en 2015 aportaron 3 de cada 8 niños nacidos por fuera del matrimonio.

Por otra parte, en el informe Forensis 2015 y su capítulo sobre violencia intrafamiliar, Medicina Legal anuncia que registró 26.985 nuevos casos de violencia intrafamiliar de los que 10.435 casos correspondieron a violencia contra niños, niñas y adolescentes; 1.651 casos de violencia contra la población adulta mayor y 14.899 casos entre parejas y otros familiares.

En el caso de violencia infantil el agresor fue el padre en 32,9% de los casos y la madre en el 30,7% de ellos; en el caso de violencia contra la población adulta mayor, 38% de los casos fueron cometidos por sus hijos(as).

De manera que, familias hay muchas y problemas también. Cuando los conservadores dicen que se está “legislando” para las minorías quizá tengan razón, porque en Colombia no hay un modelo familiar mayoritario. Aunque ese no es el centro de su preocupación, pues siempre y cuando se trate de parejas y familias heterosexuales las cifras mencionadas no convocan marchas ni plantones.

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