El uribismo se prepara para intentar retomar la presidencia del país, la convención del Centro Democrático transcurrió con total normalidad el sábado 6 de mayo pasado en un templo evangélico, como de política anglo-republicana. Los resultados, aunque previstos, confirmaron la tendencia tomada tras el plebiscito de octubre de 2016: la radicalización.

Los principales asistentes, cómo no, fueron el expresidente y senador Álvaro Uribe, el exvicepresidente Angelino Garzón, el expocurador Alejandro Ordóñez y los precandidatos presidenciales del partido.

Discurso tras discurso, como toda convención política, las directrices del partido para 2018 salieron a flote y son, prácticamente, las mismas que las del plebiscito: defender los valores de la familia, restringir (más) el aborto, la libertad religiosa, o sea, la libertad de anteponer la religión a la “ideología de género” y destruir el acuerdo de paz con las FARC.

Toda una agenda reaccionaria, ultraconservadora y neoconservadora, George Bush y Jean-Marie Le Pen juntos, aunada a la religiosidad pentecostal/evangélica en la que ahora se bañan confesos católicos como Ordóñez y Uribe, el Centro Democrático parece una fotocopia milimétricamente exacta del ala más radical del Partido Republicano estadounidense.

Fernando Londoño y Fabio Echeverry fueron elegidos como presidentes de la dirección nacional, casi fulminando antes de nacer la precandidatura de Iván Duque, quien ante ojos de ultragodos se constituye como el más progresista de los políticos holandeses, por lo cual es previsible que el partido tome posiciones más fuertes en temas nacionales y locales y el tema de Venezuela tome aún más fuerza dentro del partido.

Para empezar, Londoño llamó a “hacer trizas” el acuerdo de paz con las FARC y la Jurisdicción Especial para la Paz. Una posición bastante extrema respecto al acuerdo, no ve nada bueno ni siquiera en potencia que pueda ser rescatado, es una posición guerrerista y bélica sin más ni menos.

Podría decirse que se otorgó la presidencia de la dirección nacional y la membresía de carácter temporal a sus miembros para mantener contentas las distintas facciones del partido, pero son este tipo de discursos, que coinciden con Uribe, los que marcan el camino pretendido por el partido en 2018.

Por otra parte, han decidido mantener el mecanismo de lista cerrada para las próximas elecciones parlamentarias y regionales, mecanismo que les catapultó en todo el país a pesar de ser un partido relativamente nuevo.

El mecanismo para elegir candidato presidencial fue postergado, aunque se diga que fue porque no era la intención de la convención, tiene más que ver con que, aunque no se diga, las estrategias y comunicaciones para hacer candidaturas conjuntas con Ordóñez, el expresidente Andrés Pastrana, la exministra Marta Lucía Ramírez y los pastores evangélicos siguen en pie y han frenado el tomar esa decisión. También tiene que ver con el estatus legal de posibles candidatos como Luis Alfredo Ramos y Óscar Iván Zuluaga.

Sería penoso para el país ver en una convergencia de este tipo a la exministra Marta Lucía Ramírez, quien ha mantenido una oposición crítica y constante pero a la vez propositiva respecto al proceso de paz, y con quien incluso es posible debatir y negociar sin caer en posiciones cerradas sobre temas como la familia y los derechos civiles.

Del resto, pues son los mismos de siempre, pero ahora con Angelino Garzón que cabe en cualquier partido. La radicalización, como factor de polarización, solo puede producir dos escenarios: te catapulta y te marginaliza. Esto es lo que hemos visto en Europa, con el UKIP en Reino Unido o el Front National de Marine Le Pen en Francia, es decir, te incluye en el debate porque todo lo que dices es altisonante y hace mella en todo el país, pero te marginaliza electoralmente. Este es un riesgo que deberá asumir el Centro Democrático si sigue por este camino.

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