Desde hace más de 20 años, los gobiernos de turno del país han dado duros golpes a los pescadores artesanales y a sus formas de apropiación y usos del agua en mares, ríos, ciénagas, páramos y humedales, a través de tratados de libre comercio, políticas energéticas, mineras, ganaderas, agrícolas y de infraestructura. Ahora pretenden dar el golpe de gracia en contra de esta población.

Actualmente cursa un nuevo proyecto de ley en el Senado que modifica el artículo 335 del Código Penal donde se criminaliza hasta con 9 años de prisión y elevadas multas a los pescadores artesanales que incumplan o violen las normas relacionadas con la pesca ilegal, por ejemplo, el de pescar sin estar reconocido por la Autoridad Nacional Acuicultura y Pesca (AUNAP) o pescar en épocas de veda.

Este tipo de legislaciones da vergüenza,  siguen desmontando un oficio milenario que ha dado vida al país y con el que han vivido decenas de generaciones. Da pena que el Gobierno Nacional en vez de fomentar el consumo de pescado de nuestros propios ríos y mares, que tienen gran potencial, se abra de pies al mercado internacional, quien está aportando más del 80% de lo que se consume en todo Colombia.

A pesar de lo anterior, el problema es mucho más profundo; es de tinte ideológico, ya que los “recursos” naturales siempre están politizados, se encuentran en constante conflicto y negociación sobre su significado entre la comunidad, empresas e instituciones del Estado, movimientos sociales, grupos armados e investigadores. Un grupo reclama a la luz de los conocimientos locales de uso y apropiación, y los otros, buscan el acceso, beneficios y costos, mediados por relaciones desiguales de poder.

Es por esto que los días 15 y 16 de febrero de 2017, en una audiencia pública en la Comisión V del Senado se realizó la Mesa Nacional de Pesca, que estuvo representada por más de 700 organizaciones de pescadores artesanales de todo el país, en busca de sumar fuerzas para reclamar sus derechos y en defensa de estos espacios de agua, vegetales y animales.

En este encuentro, se habló de los efectos que generan en el agua y en la pesca la actividad minera a gran escala, la explotación de hidrocarburos, la explotación de carbón, los proyectos de infraestructura como la construcción de autopistas, hidroeléctricas, micro-centrales, embalses, además el tema de la ganadería y cultivos extensivos que atentan contra la biodiversidad.

La reunión que estuvo presidida por el senador Jorge Robledo, concluyó con la consolidación de un organismo provisional que represente a los pescadores, acompañado de un plan de acción que le exija al Gobierno una política seria y que beneficie la pesca artesanal y la conservación del medio ambiente.

Desde mi punto de vista, a los entes estatales les hace falta una mirada retrospectiva que les permita comprobar que los grandes asentamientos humanos nacieron y crecieron junto a los ríos: el Magdalena, el Cauca, el Atrato, el San Jorge, el Sinú, entre otros, que han dado forma a grandes poblaciones del país.

Les falta conocer el concepto de cultura anfibia que usaba Fals Borda, para referirse a las creencias y prácticas relacionadas con el manejo del ambiente natural, y las normas de producción agropecuaria, de la pesca y de la caza, que prevalecen en las comunidades ribereñas, que están reguladas por las épocas de sequías y crecientes de los ríos y caños.

Los encargados de legislar deben atacar a los pescadores industriales internacionales que están en el Pacífico acabando con los ecosistemas y tratar de entender y definir quiénes son los pescadores colombianos; que son un conjunto de personas que para ejercer su actividad usan instrumentos cuyas características son tradicionales, que tejen sus redes a mano en medio de la música y que a diario buscan su subsistencia.

Les falta comprender que bajo este sistema de aprovechamiento se preserva el medio que es clave para la existencia, y de hacerse de una forma responsable, no altera el sistema adaptativo de especies.

La pesca artesanal se reconoce porque tiene en cuenta el conocimiento que se transmite de una generación a otra, que conoce el espacio y que está ligada a una creencia y/o mito, por ejemplo en el Magdalena con el Mohán.

El reto de la administración nacional frente a los pescadores artesanales es gigante. Aunque se comprometan y quieran entender sus necesidades y dificultades, quieran caracterizarlos y apoyarlos, no es suficiente (además no demuestran ninguna intención). Para esto se necesita el desmonte el proyecto neoliberal; ahí es donde está el gran reto. Personalmente, lo veo muy difícil porque nos han cogido con los calzones abajo. Sin embargo hay que dar la batalla.

Comentarios

comentarios