A 4 horas y media de Medellín, en las puertas del Urabá antioqueño se encuentra ubicado Dabeiba. Rodeado de montañas verdes llenas de árboles frutales, atravesado por el imponente Río Sucio y con sus calles llenas de paisanos y población indígena, este municipio hoy es uno de los cuatro que albergan a las Farc en sus Zonas Veredales de Concentración en Antioquia.

No era la primera vez que visitaba a Dabeiba, ya lo había hecho un par de veces por allá a principios de los 2000. Recuerdo que la primera que vez que lo hice, a 15 minutos del casco urbano, nos encontramos con un “retén” militar de las Autodefensas Unidas de Colombia- AUC-. Portaban fusiles, camuflados y las insignias correspondientes a la organización armada, cobraban un “impuesto de guerra” a todos los carros que transitaban por el sector, además nos hacían una idea de la situación de orden público que se vivía en Dabeiba por aquellos años.

Al ingresar al pueblo en aquel tiempo el panorama era desolador: barrios y veredas abandonadas, casas destruidas y perforadas por las balas de los fusiles eran el paisaje que dibujaba la guerra en este municipio del occidente antioqueño.

Y es que no fueron solo los paramilitares los que hicieron presencia en Dabeiba, también lo hicieron los frentes 58 y 18 de las Farc; el pueblo, en años pasados sufrió 3 tomas guerrilleras, una fuerte presencia de la insurgencia y un control total del municipio por cuenta de estos. El total del número de víctimas, según la alcaldía de Dabeiba oscila en 17.000.

Ese recuerdo de Dabeiba en aquel entonces se entremezclaba en mi cabeza con las constantes “pescas milagrosas” realizadas por las Farc en el famoso túnel de la Llorona, entre dicho municipio y Mutatá. Me preguntaba, antes de salir de viaje, si todavía la violencia asolaba aquel municipio, ya que tenía claro que allí se encuentra ubicada una de las Zonas Veredales de Concentración, en una de las veredas, a 45 minutos del casco urbano.

El panorama fue distinto, respiré esperanza, reconciliación, Paz, y sobre todo, progreso. Fue muy notable la victoria del Sí en este municipio el pasado 2 de octubre; es visible que la pedagogía por la Paz fue mucha y que todavía se sigue trabajando en ello. Los muros del parque principal están adornados con frases alusivas a la Paz y murales de grandes hombres que han trabajado por ella.

Fotografía: Sara González Guerra

En las veredas el paisaje sigue siendo de reconciliación donde también se hace un llamado a la Paz. De camino a una de estas, a Chimiadó- Vereda donde se encuentran concentrados los miembros de las Farc- se lee en un letrero grande, al parecer escrito por indígenas por los colores en la caligrafía, “Si la guerra de los músicos es la mejor de todas, cambiemos los fusiles por instrumentos”

Mi tío político es oriundo de Dabeiba, su familia, al igual que las de muchos otros paisanos le tocó abandonar el municipio por la violencia, se le notaba feliz, dichoso y orgulloso de su pueblo.

Uno de sus primos, desplazado en el auge de las confrontaciones entre paramilitares y guerrilla, volvió a Dabeiba gracias a la firma de los acuerdos de Paz. Asegura que este fue el motivo que lo hizo volver después de estar 15 años en Canadá al lado de sus hijos. Mantiene la esperanza de que su municipio conserve la Paz, ya que, en el 2016 no hubo un solo muerto en Dabeiba por vías violentas.

No obstante, no ha sido solo la tranquilidad la que ha llegado a este municipio del Urabá con la firma de los acuerdos de Paz, también se evidencia el retorno de las familias a sus hogares en las veredas y en los barrios. Se ve el progreso dabeibano, la abundancia de comida: maracuyás, papayas, plátanos, café, guanábanas y cacao. Por eso mismo es que en este pueblo no se ve gente pidiendo limosna o viviendo en las calles, todos comen y se nutren del campo, de la abundancia del agua y de su cultura pujante.

Un diálogo con don William en la plaza de mercado

Fotografía: Sara González Guerra

En una visita a la plaza de mercado el domingo en la tarde, día en que bajan todos los alimentos del campo para ser comercializados, pude entablar un diálogo con un paisano que lleva 25 años en el negocio de la revueltería. Conversamos sobre los productos dabeibanos, sobre el progreso del municipio y la llegada del turismo, un poco sobre el orden público y cuando entablamos un diálogo con relación a la violencia llegó un hombre con extraña apariencia y se nos paró al lado a escuchar muy de cerca la conversación. El señor se puso nervioso, bajó la voz y cortamos de tajo el tema en el que habíamos quedado.

Fotografía: Sara González Guerra

De seguro fue la cámara fotográfica la que llamó la atención, lo más probable también es que todavía haya en Dabeiba enemigos de la Paz o personas que rentan de la guerra y el narcotráfico.

La esperanza de don William es que vaya más gente a Dabeiba que pueda contar las historias cotidianas y que pueda hablar de lo positivo del municipio, por eso es que de seguro no le temía a la cámara. Dice que nos espera a todos en Dabeiba, que espera la llegada del turismo, de las vías, de los centros de salud y de más educación para los pobladores.

“Desde que llegó la reconciliación de los grupos estamos viviendo muy bueno. Antes le tocaba a uno salir con sus cosas y dejar todo tirado porque bajaba un grupo armado u otro, ahora estamos a la espera del turismo, este pueblo está progresando” Asegura don William entre risas llenas de esperanza.

Al preguntarle qué es lo que más le gusta de Dabeiba, él responde: “¡Todo! En esta tierra la gente es muy amable. Para mí Dabeiba es un paraíso. Llevamos toda la vida viviendo acá y acá moriremos. Acá se cultiva el maracuyá, el plátano, la papaya, el café, las guanábanas y todos podemos comer de lo que acá se cultiva”.

Al despedirme de don William y un poco alerta por el oyente de nuestro diálogo, este me da el adiós con mucho cariño, a su vez agradezco el rato que me había sacado para conversar. “Esperamos que vuelvan pronto y que les cuenten a sus amigos lo que está viviendo Dabeiba. Que es un municipio muy hermoso y con gente amable; que estuvieron en la plaza de mercado y conocieron los productos dabeibamos”.

Y es así como se está viviendo en Dabeiba, con camiones llenos de maracuyá y de papaya bajando de las veredas y con indígenas desfilando en motos con sus bastones de mando y sus cañas de pescar. Se trata de una tierra fértil y próspera, que camina entre las huellas de la guerra y que respira la esperanza de la Paz. “De la reconciliación de los grupos” como afirma don William.

A don William muchas gracias por su testimonio. Yo también espero que la guerra sea de instrumentos y no de fusiles. Dabeiba es la puerta al Urabá antioqueño y la utopía de la reconciliación en la misma región.

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