Cuando hablamos de convivencia ciudadana o de seguridad en Medellín, generalmente asociamos estas palabras con homicidio, extorsión y narcotráfico. Esto ha sido el resultado de habitar una ciudad con grandes problemas estructurales articulados al crimen organizado, herencia de los años ochenta. Durante estos 35 años hubo períodos de recrudecimiento y disminución de la violencia, en razón de delitos mayores, como los mencionados. Pero hay asuntos de ámbito cotidiano que se cuecen en una escala de importancia estratégica para la transformación de la ciudad.

Los incidentes de convivencia suelen subestimarse, su visibilidad y reporte es marginal. La corresponsabilidad de la ciudadanía es clave, tanto en materia de seguridad, lo que atiende delitos de alto impacto en la ciudad; como la convivencia, lo que responde a incidentes que denotan una cultura ciudadana débil. Es posible que en el primer caso se haya logrado ganar una conciencia importante en materia de denuncia, los ciudadanos han hecho uso de las herramientas tecnológicas que tienen a la mano para evidenciar delitos como el fleteo cada vez con más frecuencia. Pero en el segundo caso, cuando se trata de situar la mirada en sí mismos ¿la corresponsabilidad es igualmente generosa?  

Revisemos algunas cifras, de acuerdo a la Alcaldía de Medellín, en 2016 se presentaron 51.523 riñas y en lo que va corrido de este año han sucedido 9.080. Esto sin tener en cuenta el subregistro que puedan tener estos casos, debido también al problema de corresponsabilidad ciudadana.

Hagamos un ejercicio, ¿si el problema de la violencia urbana asociado a las estructuras criminales de la ciudad se terminara hoy, la violencia en Medellín habría quedado resuelta? La respuesta evidente es que no. Durante el año 2016, 534 personas fueron asesinadas, de estos casos, 96 fueron por motivos de convivencia, es decir, casi un 18%. Uno de los delitos que más preocupación despierta de la ciudadanía está atado, en buena medida, a sus mismas conductas.

La convivencia corresponde, por excelencia, a la ciudadanía. ¿Pero de qué va todo eso? La corresponsabilidad ciudadana se asume como la proporción de responsabilidad asumida por los ciudadanos, en relación a las autoridades municipales respecto al mantenimiento, supervisión y gestión de determinado proyecto. Entonces claro, esto aplica para cualquier tema de la ciudad, pero, ¿qué peso adquiere cuando este tema es sus conductas y hábitos en lo cotidiano? Más concretamente  en la manera en la que resuelven los conflictos, un peso enorme.

La cultura ciudadana, por su parte, se ha orientado a promover la valoración y el reconocimiento de la diversidad y multiculturalidad de los habitantes, con lo cual se espera transformar sus comportamientos del día a día. La más reciente Encuesta de Cultura Ciudadana, correspondiente al año 2015, arroja que entre los detonantes de riñas y peleas cotidianas se encuentran: el que algún vecino haya puesto música a un volumen excesivo (53%), la ingesta de bebidas alcohólicas (25%), o enfrentamientos porque algún vecino haya insultado a sus hijos (13%).

La forma en la que nos relacionamos con el otro puede dar pistas del porqué se desencadenan estos hechos. De acuerdo a la Encuesta de Percepción Ciudadana del año 2016, si bien los medellinenses evalúan de manera favorable el trato a personas con discapacidad, adultos mayores y niños, en lo que tiene que ver con el trato a personas LGBTI, desplazados y minorías étnicas hay una percepción desfavorable.

Entonces, más allá de comprometerse con la resolución pacífica de los conflictos, porque las riñas o peleas pueden engrosar las cifras del homicidio, el compromiso debe situarse en el respeto del otro, en la materialización de esa valoración por la diversidad y la multiculturalidad.

Esto no solo trae beneficios para la convivencia en la ciudad, cuando la cultura ciudadana de respeto se instala de manera exitosa en la sociedad, coyunturalmente aporta a la ausencia de estos incidentes, pero estructuralmente deposita en los ciudadanos la capacidad de incidir en el territorio, en suma, es esencial para el ejercicio ciudadano y la democracia. El control social efectivo está encaminado a la prevención de los conflictos, así como  el diálogo y la legalidad deben ser los referentes éticos que eduquen desde los imaginarios a nuestra sociedad, la cual tiene algunos principios arraigados a la cultura de la violencia y el narcotráfico.

Es hora de cambiar esta cultura asociada al crimen organizado y a la historia oscura de la ciudad, por una verdadera cultura ciudadana, pensada desde los principios del Estado de Derecho y desde los valores éticos.

Buen manejo del Ruido

Según la Encuesta de Percepción Ciudadana, Medellín Cómo Vamos, la insatisfacción de los medellinenses con el exceso de ruido es de un 19%.  De acuerdo a hipótesis de las autoridades, una de las causas más comunes en las peleas callejeras o en los problemas de convivencia en los barrios de la ciudad, está asociada con el exceso de ruido y el irrespeto con esto a los vecinos o familiares.

Las cifras sobre el ruido que aporta la Alcaldía indican que en el 2016 hubo 48.630 incidentes de este tipo. Manrique, Aranjuez y Belén fueron las comunas donde más denuncias se presentaron. En lo que va corrido de este 2017, se han registrado 13.534 casos de ruido y perturbación de la tranquilidad ciudadana. Estos casos son menospreciados como problemáticas, al parecer, pequeñas, pero terminan desatando situaciones más graves de intolerancia o convivencia ciudadana en escalas comunitarias o barriales.

Escrito por: Camilo Guerra, Tiffany Botero.

Comentarios

comentarios