Ocurrió cuando estaba haciendo el transbordo en la estación San Antonio para dirigirme a la estación Suramericana en Abril de este año, aprovechando el tumulto de las personas subiendo las escaleras un señor me tocó la nalga. Hice lo que sentí tenía que hacer, exponerlo públicamente, le grite y nadie a mi alrededor le dijo más nada. Una chica del personal Metro se me acercó y me dijo que si quería hacer la denuncia, no sabía exactamente cuál sería la represalia y no quería que terminara en un caso como “6 años de prisión por tocarle la nalga a una mujer”, por otra parte llevaba prisa así que decidí decirle que no.

Lo que yo quería era que eso no se volviera a presentar pero la realidad es que a las mujeres nos tocan todos los días en el Metro de Medellín, es decir, puede que a todos en su mayoría nos toquen, pero cuando una mujer en el Metro hace público que alguien la está tocando es porque está muy segura de que así es, más de veinte años que tiene el sistema en línea créanme que nos han vuelto expertas en discernir entre el roce accidental por hora pico y la intención clara de tocarnos y quedarse ahí, haciéndolo.

Resolví que las mujeres no queremos penas absurdas para estos abusadores, queremos que no existan estas conductas y que si se presentan tengan la sanción moral y social respectiva cuando las compartimos con los demás pasajeros. Escribí a la cuenta de Twitter del Metro de Medellín y a la cuenta del Alcalde, solo hasta que otra Twittera me dio RT y comenzamos a interactuar sobre el tema, me respondió la cuenta del Metro unicamente y tres días después.

Lo que me compartieron por DM fue lo siguiente

En mi mensaje inicial reclamaba campañas que tocaran el tema de manera particular, que lo nombraran, porque hasta entonces en el Metro no se compartían mensajes al respecto. Lo que encontré en esta respuesta y en el link que me compartieron, el cual era la campaña en contra de la explotación sexual a niños, niñas y adolescentes, es que el acoso sexual en el Sistema Metro no es un tema que se aborde directamente en la campaña y así se los hice saber.

Meses después escuché en el Metro un mensaje alusivo a estas acciones hacia las mujeres en los vagones, aun sin decirlo explícitamente y en otro sentido muy distinto. “Tratar con delicadeza a las mujeres” algo así es lo que reza este mensaje que venimos escuchando hace unos meses. Cuando pensé en una campaña por supuesto que imaginé que se empleara el recurso de la voz en los vagones para difundirlo, pero no con un mensaje que reprodujera imaginarios machistas como “la delicadeza de las mujeres”, el mensaje que queremos es simple: a las mujeres no nos gusta que nos toquen sin nuestro consentimiento, mucho menos cuando nos dirigimos a nuestros hogares y trabajos en un medio de transporte público. La hora pico, los retrasos en el sistema, los hurtos y la violencia que presenciamos diariamente en los vagones es suficiente como para eso agregarle el acoso como el que sufrió Giselle Andrea Mejía esta semana.

Es importante que las mujeres sigamos sometiendo estos casos a la vergüenza pública en todo el Sistema Metro cuando nos ocurra, que no obtengamos el respaldo de los pasajeros no nos puede detener, tenemos celulares, usamos redes y podemos compartir estas vulneraciones como lo hizo valientemente Giselle en su Facebook.
Debemos nombrarlo, debemos seguir repitiendo que esto sí ocurre en el Metro de Medellín, porque esta empresa aún no lo nombra adecuadamente y lo confunde con la explotación sexual de niños, niñas y adolescentes, tema por supuesto relevante, pero diferente al que las mujeres vienen experimentando. Aquí estamos hablando de acoso sexual en el transporte público, nombrèmoslo, reconozcamos su existencia para poderlo tratar, para poder generar una sanción generalizada en la ciudadanía hacia estos actos.

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