Es claro que la política no la jalonan personas sino sectores. Estos son representados por caudillos o por cuadros políticos que ejecutan los procesos en pro de aquellos grupos sociales que se están representando.

Así fue en los tiempos de la democracia representativa y parlamentaria. También en el bipartidismo del siglo XIX donde empezó nuestra historia republicana, forjada e ideada por caudillos latifundistas herederos de la Corona Española. A los militares que participaron en las guerras de independencia en nuestra América Latina les ofertaron tierras y les repartieron departamentos enteros. Ese fue el caso del Cauca, de los Llanos Orientales y de los montes de María.

En ese sentido, los caudillos fueron la voz en el siglo XIX de los latifundistas y terratenientes. Así se organizó territorialmente nuestra república y de ahí surge la deuda histórica con los sectores más pobres del campo colombiano.

Por el tema agrario surgieron las guerrillas en los años 60. La apropiación ilegal de tierras derivada del bipartidismo del siglo XX y de la denominada época de “La violencia” fueron el detonante para que campesinos liberales se alzaran en armas en las montañas de Colombia.

Los primeros grupos armados, los cuales comandó Manuel Marulanda Vélez, no tuvieron unos inicios marxistas-leninistas, tampoco pensaban en el poder para instaurar el socialismo. Fueron en un principio grupos de autodefensa liberales que buscaban una redistribución más equitativa de la tierra y que se alzaron en armas por una reforma rural.

Ahora que los colombianos les han dado la negativa a los acuerdos alcanzados en La Habana, la Reforma Rural Integral queda en veremos; como casi todos los avances en materia política y social que logramos alcanzar como país con el acuerdo final.

Acá volvemos a los sectores representados por caudillos. El Centro Democrático representando los intereses de los grandes poseedores de tierras. Pareciera que el senador Álvaro Uribe quisiera echar atrás los puntos más importantes de la Reforma Rural Integral, todo con el pretexto de que “se le van a entregar estas tierras a las Farc”, o, que, el asunto agrario lo deben de resolver con las tierras y los bienes que entreguen los guerrilleros.

Lo primero es completamente falso y lo segundo se podría resolver con la rendición fiscal de cuentas que ya prometieron entregar las Farc de todos sus bienes materiales.

Tal como se presenta en el acuerdo final, la Reforma Rural presentada propende por el retorno del campesinado al campo colombiano, a su vez que abre las puertas a un papel más protagónico de la mujer campesina, colona e indígena.  

Según han manifestado los voceros del Centro Democrático, el punto de Reforma Rural Integral atenta contra la propiedad privada y contra el empresariado agropecuario colombiano. En realidad, lo que quieren hacer a un lado es el cómo han adquirido las tierras en los últimos años los grandes terratenientes.

En palabras del Senador Uribe Los acuerdos no deben afectar propietarios o poseedores honestos, cuya buena fe debe dar presunción, no desvirtuable, de ausencia de culpa. El apoyo al campesino no implica desconocer la necesidad de la empresa agropecuaria transparente.”

La preocupación de Fedegan y de algunos otros sectores que históricamente se han beneficiado del despojo de tierras y de la apropiación ilegal de las mismas es traducida en la propuesta del senador en lo que concierne al tema agrario de los acuerdos.

Al mejor estilo del siglo XIX el partido político promotor del No, opta por tomar una postura de defensa al sector terrateniente y de condena absoluta al campesinado humilde golpeado por el despojo a través de medios violentos. Que siga todo igual en el campo colombiano es equivalente a que no surjan de estos acuerdos soluciones de fondo para el tema de una distribución más equitativa de la tierra.

“Que se llegue a un mejor acuerdo y se hagan las reformas pertinentes para no generar más violencia” ha sido la demagogia con la que el Centro Democrático ha manejado la coyuntura actual después del triunfo del No. Que el campo colombiano se mantenga estático y que sigan existiendo las grandes brechas entre la población rural y la urbana sí que es un detonante de más violencia; tanto en el campo como en la ciudad.

Por eso es que la falta de una reforma rural-entre otras cosas- en nuestra historia republicana desembocó en el surgimiento de guerrillas campesinas.

Vacíos normativos y políticos que incluso se presentan en la constitución del 91, parecía que iban a ser llenados de cierta manera con la implementación de estos acuerdos alcanzados. Con este objetivo se planteó la Reforma Rural Integral y asimismo se le dio relevancia en el acuerdo final al tema de género; a la importancia de la mujer indígena y campesina y al reconocimiento de la violencia sexual, psicológica y física contra las mujeres.

Ahora lanzan aseveraciones en torno a una ideología de género que no existe: existe un reconocimiento de derechos que es diferente; necesario y pertinente para con las personas LGBT que vienen trazando su lucha desde hace ya unos buenos años.

Hacen lo mismo al querer proteger a los grandes terratenientes beneficiarios del paramilitarismo, rechazando de tajo el retorno de los desplazados a sus tierras; la verdad en los procesos de titulación y el origen de las propiedades que se adquirieron en los últimos años.

Si bien es cierto que lo más coherente también sería que las Farc devuelvan las tierras ocupadas por la organización a los campesinos que fueron desplazados, también lo es que estos ya prometieron rendición de cuentas fiscales de sus bienes; abandono del negocio del narcotráfico y sustitución de cultivos. Si esto último es lo que les preocupa.

Retroceder en los puntos de tierra y de reconocimiento de igualdad de derechos es volver al siglo XIX. Es volver al poder ejercido por los grandes latifundistas y por la religión.

No se encuentran propuestas novedosas por parte de los promotores del No, muchas ya están incluídas en los acuerdos. Por el contrario, lo que sí se presenta es un retroceso dentro de las posiciones expresadas por el Uribismo, el ex procurador Alejandro Ordóñez y, las iglesias evangelicas.

Que sea la movilización social y política la que garantice por fin llegar a un acuerdo como país. Las dos partes históricamente enfrentadas ya llegaron a uno y Colombia les dijo que No. Ahora el pacto debe de ser de la ciudadanía con las élites y con las Farc.

Fuentes:

¿Que tan posible son las 10 propuestas de Uribe? – El Tiempo

Ideología de género: una estrategia para ganar adeptos por el No al plebiscito – Semana

Senadora Claudia López denunciará ‘ejércitos anti-restitución’ – La FM

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