Miércoles 21 de septiembre. Estadio Atanasio Girardot. Copa Sudamericana. Medellín vs Santa Cruz. El trapo apareció en la parte baja de la tribuna oriental. Estuvo apenas unos minutos. La Policía ordenó retirarlo. Pero fue el tiempo suficiente para dar un golpe de opinión, para las fotos que se multiplicaron después en redes y demostrar así que la gente del fútbol también tiene algo para decir más allá de lo que pasa en la cancha.

Ese grupo de hinchas del DIM, además de poner un SÍ en su bandera, de ese apoyo público a los acuerdos de paz entre el Gobierno y las Farc, dejó claro que ser barrista no implica estar aislado de discusiones que, por lo general, se han dejado por fuera de los estadios. Sentaron posición y, de paso propusieron una lectura diferente sobre los hinchas.

El episodio se repitió el domingo siguiente. En el mismo escenario, pero con otros colores y otros protagonistas. Los del Sur sacaron su propio trapo: “SÍ a la paz”, se leía sobre una bandera blanca que extendieron en la tribuna antes de que empezara el partido de la Liga Águila entre Atlético Nacional y Cortuluá.

Así fue como las dos hinchadas que en cada clásico se revientan a insultos y muchas veces lo han hecho a golpes, las dos hinchadas que hasta hace poco no podían compartir estadio, las dos hinchadas que han construido una rivalidad de décadas, hallaron un punto de encuentro.

Santiago Ramírez es hincha del ‘rojo’. Hace parte de Antifa Medallo, el colectivo que puso el SÍ en el panorama del Atanasio. Aclara que es uno más, que no es vocero ni representante de sus compañeros: “En el parche hemos insistido mucho en que el protagonismo lo asuma la idea y no los individuos”.Aun así, explica la decisión de poner el fútbol y la política en la misma mesa.

¿Por qué un sector de la hinchada del DIM decidió apoyar públicamente los acuerdos de paz y dijo que su voto es por el SÍ?

Nuestra convicción es que los acuerdos de paz que hoy por hoy se celebran entre el Gobierno y la insurgencia son el primer paso para construir un país diferente, con un nuevo escenario de participación política, que se compadezca con las realidades de sus habitantes y que pueda ofrecer solución a las necesidades de los colombianos del campo y la ciudad, así como la satisfacción de las expectativas de buen vivir de todos y todas.

Tal vez una mirada apresurada del barrismo y de lo que se mueve en un estadio asuma que muchos hinchas son desinteresados y apolíticos ¿por qué los hinchas del DIM se involucran en estas discusiones?

El mensaje que quisimos enviar es que los hinchas no somos delincuentes y que los actos de violencia que a veces pasan en los estadios son reflejo de una sociedad violenta, que sobrevive en condiciones económicas y sociales agresivas, cuya manifestación en los estadios obedece a que ese es el lugar donde personas de todo tipo nos encontramos alrededor del espectáculo del fútbol.

Sin embargo, el hecho de que no tengamos intereses politiqueros ni estemos pugnando por un partido político u otro, no nos hace apolíticos. Entendemos “lo político” como el ejercicio necesario de participar en la construcción de nuestro entorno, en hacernos actores con capacidad de llevar a la esfera de lo público nuestros argumentos sobre las decisiones que nos afectan y poder incidir en ellas. El colectivo es antifascista porque tiene una marcada postura política respecto de lo que entendemos debe ser el país en el plano de lo cultural, lo económico y lo social.

¿Cómo es ese sector de la hinchada de Medellín?

El colectivo se llama Antifa Medallo. Llevamos un par de años tratando de encontrar en el fútbol, y en todo el espectáculo alrededor de él, una excusa para generar espacios donde podamos proponer discusiones de alguna importancia en el país, la ciudad o nuestro entorno. Por ejemplo, sobre el Paro Agrario, la crítica a las dinámicas del fútbol moderno, la negociación con las insurgencias o una postura frente al fascismo.

Esa noche la etiqueta #PoderosoSí fue tendencia en Twitter y el asunto se ha movido en algunos medios, ¿qué otras reacciones generó?

En una sociedad tan conservadora como la antioqueña y tan polarizada como la colombiana, era obvio que íbamos a generar apoyos y rechazos por atrevernos a expresar públicamente lo que pensamos como hinchas. Sin embargo, ha sido muy satisfactorio ver que han sido muchísimos más los mensajes de apoyo a nuestra actividad y la trascendencia que tuvo también en el plano internacional. Nos alegra inmensamente poner en la escena pública la discusión de la responsabilidad que tenemos como sociedad y la convicción de que el fútbol también hace parte fundamental de esa realidad que vivimos, que no puede desconocer su contexto y que, por supuesto, también es un escenario de disputa en el que hoy nos la estamos jugando.

Hubo un incidente con la Policía inmediatamente después de que exhibieron el trapo, ¿qué fue lo que pasó?

La reacción de la Policía fue perseguirnos hasta el lugar donde habitualmente nos ubicamos a ver los partidos, trataron de arrebatarnos la bandera y nosotros nos resistimos a entregarla porque no estábamos haciendo nada prohibido. Luego, nos solicitaron que los acompañáramos con la excusa de que el trapo no tenía registro de ingreso al estadio. Más allá de lo ridículo que pueda sonar que uno deba registrar una bandera en un partido de fútbol, decidimos acompañar a la Policía a la parte baja del estadio, no sin antes solicitar el acompañamiento de la Personería. Estando allí nos trataron de explicar con muchos rodeos y sin muchas claridades que el alcalde de la ciudad había prohibido manifestaciones públicas en el estadio alrededor del proceso de paz. Para nosotros fue una sorpresa que fueran funcionarios de la Policía quienes estuvieran haciendo juego a la persecución de un mensaje en favor de la paz en un país que ha tenido como protagonistas a los pobres que empuñan las armas de un lado y del otro.

Al DIM se le dice el “equipo del pueblo”. Su hinchada siempre ha defendido su condición popular, ¿qué tiene que ver eso con la postura que ustedes asumen frente a este proceso?

Como hinchas del Medellín entendemos qué significa ganarse las cosas a pulso, con sacrificio, sin corrupción ni aprovechando ninguna posición dominante frente a los demás. Esa es una característica que debe reivindicarse por parte de la hinchada. Somos hijos de obreros y de arrieros, de campesinos y seguramente de desplazados por el conflicto, de gente empobrecida pero llena de dignidad y aguante. Debemos hoy, más que nunca, rescatar el valor de lo que significa ser el “equipo del pueblo”. Ser capaz de entender el dolor y el sufrimiento del otro, ese que finalmente siembra solidaridad en las personas

La hinchada de Nacional también sacó una bandera en un partido de la Liga apoyando los acuerdos, ¿hubo alguna comunicación entre ustedes y Los del Sur?

No. La ventaja de que los hinchas de todo el país entendamos la importancia del fútbol como escenario de disputa y comunicación, es lo que ha llevado a que, de manera genuina y con mucha creatividad, también otras hinchadas como las de Santa Fe, Nacional y Millonarios se manifiesten en favor de ese anhelo que tenemos de vivir en un país en paz, donde se respete la diferencia y se apueste por la reconstrucción del tejido social. Los que vivimos el fútbol, los que le damos rienda suelta a la pasión que nos producen nuestros equipos debemos empezar a copar los espacios destinados para los monopolios comerciales que utilizan nuestros estadios para las pautas publicitarias, saturándonos de información sobre el consumo de cualquier cantidad de cosas. Nosotros debemos entender que la disputa de ese espacio también se hace transmitiendo otro tipo de mensajes, que nos permitan apostarle a la construcción de una nueva Colombia fundada en el respeto, el diálogo, la crítica y el debate.

Sería ingenuo desconocer que entre ambas hinchadas existe una historia compleja de enfrentamientos y disputas, ¿el acuerdo de paz podría también considerarse un punto de encuentro?

El ser diferentes, tener gustos diferentes, generar pasiones alrededor de equipos diferentes debe ser un ejemplo para que en el país podamos entender que, si nuestras relaciones son dialécticas, el valor radica justamente en poder asumirse cada uno desde su punto de vista. Desde el respeto, asumir la convivencia. Que las hinchadas organizadas del país estén apoyando de manera decidida la solución política a los conflictos demuestra que también asumen la posibilidad de que sus conflictos y diferencias puedan tramitarse de formas distintas a la violencia. Lo que tenemos hoy es un fenómeno tan importante que no ha habido momento en la historia política del país más apto para que las diferencias puedan enriquecer un mismo objetivo: una paz que brinde justicia social a sus habitantes, que permita redistribución de la riqueza y garantice la vida en condiciones de dignidad para todo

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