Una de las banderas de campaña del alcalde Federico Gutiérrez fue desarticular las llamadas Odin (Organizaciones Delincuenciales Integradas al Narcotráfico), haciendo énfasis, en la recuperación del centro de la ciudad y en desligar al sector criminal del Valle de Aburrá de las economías legales y de la institucionalidad.

Hasta el momento el combate frontal contra las estructuras criminales, entiéndase Urabeños, Autodefensas Gaitanistas de Colombia y Oficina de Envigado, no ha parado y en ese sentido el alcalde está cumpliendo con lo prometido. La captura de jefes de combos que operan en los barrios de Medellín y el decomiso de armamento y/o drogas ha robado titulares de prensa en lo que va corrido del año. Talante no le ha faltado al alcalde.

Los constantes allanamientos a las denominadas “plazas de vicio”, incluyendo la mega plaza del Barrio Antioquia y las ollas de consumo del centro, le han demostrado a los delincuentes de la ciudad que Gutiérrez se está yendo de frente en contra de las Odin, ayudando esto a subir su popularidad entre la gente que lo considera un “alcalde con pantalones”.

Pero, más allá de esto, fenómenos como el homicidio, la extorsión, la explotación sexual, el narcoturismo y el surgimiento de cárteles en diferentes economías legales, parecen no tener una disminución significativa y por el contrario, en sitios estratégicos para el crimen, parecen ir en aumento. El parque Lleras, en el corazón de la fiesta nocturna paisa y de la clase alta antioqueña es un claro ejemplo de esto.

Las Odin no sólo demuestran que pueden ejercer un control militar y territorial, sino también legítimo y hasta amparado por la institucionalidad y la fuerza pública. Sin el lavado de activos y sin los cárteles del huevo, la papa, las arepas y la leche, le es imposible al crimen organizado de esta ciudad sobrevivir a la arremetida del alcalde y más aún, si tenemos la ciudad con mayor número de consumidores en Colombia; no sólo de marihuana y otras drogas “blandas” sino también de cocaína y otras drogas de moda como el Doce B, el Popper y las “pepas”.

La pregunta sería entonces ¿Sin demanda no habría oferta? O más bien ¿Sin demanda no existirían las Odin y todo su aparato criminal que las componen y las complementan?

Al respecto cabe hacer la claridad que los mayores consumidores de cocaína en el mundo son los estadounidenses y los ingleses. Hasta 100 dólares podrían pagar los extranjeros por un gramo del afrodisiaco polvo blanco que yace en la cordillera de los Andes. Podríamos decir entonces, que lo rentable de la cocaína es exportarla, no revenderla en las calles de Medellín mezclada con harina y tiza, pero, la realidad va más allá de esto y en parte tiene que ver con la “Medellín innovation”.

Cuando hablamos de microtráfico es necesario asociar el fenómeno a otros flagelos como el lavado de activos y el narcoturismo o turismo sexual. Taxistas, hoteles, discotecas, prostíbulos y hasta policías participan de esta cadena y de este negocio. El extranjero rubio, de mochos y de chanclas tres puntadas que camina de arriba abajo el parque Lleras no sólo se da el pasón por las gordas de Botero y los cables elevados de los barrios periféricos de Medellín, sino que además viene buscando un aliciente cautivo identitario de estas tierras paisas y traquetas,la cocaína y las prostitutas. Así nos duela esto en la llaga regionalista y en el ego negociante e innovador antioqueño.

Entonces resulta que el microtráfico Alcalde Federico Gutiérrez y Secretario de Seguridad de Medellín, Gustavo Villegas, no se centra solo en las ollas podridas del centro y en las alrededor de 1000 plazas que operan en la ciudad, también está latente en la clase alta de los bares del Lleras y Las Palmas y en las muchas relaciones que tiene el turista con el ambiente de la ciudad.

Y es que, se trata de todo un entramado comercial que opera en los diferentes estratos sociales de la ciudad y en todo el territorio que la compone, desde el ya mencionado parque Lleras, con su prostitución y explotación sexual, pasando por el centro hasta cada uno de los barrios de Medellín. Las estructuras que están al frente del negocio ofertan para todas las clases sociales y para el turista; la comercialización va desde el Bazuco que cuesta alrededor de $ 1000, hasta el Doce B que puede costar $ 120.000 un gramo. En esa misma lógica nos encontramos que el consumo de drogas también está sectorizado y depende, en parte, del poder adquisitivo del consumidor.

Según datos registrados por Corpades, las plazas de vicio que operan en el Valle de Aburrá oscilan en un número cercano a 1.000. Estas están distribuidas por todo el Valle de Aburrá y de las mismas rentan las Organizaciones delincuenciales encargadas de llevar el terror a los barrios de Medellín.

Mapa MicroTrafico Medellin

Fuente: El Colombiano

¿Cómo contrarrestar el fenómeno? Ante este flagelo, es inherente hablar del tema de los habitantes en situación de calle; muchas de estas ollas ubicadas en el centro y sus alrededores se sustentan económicamente de la comercialización y consumo de bazuco.

Según el alcalde Federico Gutiérrez durante su campaña, los centros de consumo regulado serían una de las soluciones a la problemática latente y visible de los habitantes en situación de calle. Por los avatares de la política y/o por decisión de Gutiérrez, esta propuesta no aparece en el Plan de Desarrollo Municipal. Lo que no está en el plan no existirá durante los 4 años de gobierno.

Otro de los aspectos a resaltar en la estrategia de la alcaldía de combate frontal al crimen, es la persecución que ha tenido el consumidor desde el ámbito discursivo e institucional. Las constantes declaraciones de “Fico” en contra del tráfico y consumo de drogas han recaído no sólo en estigma para el consumidor, sino que también legitiman y activan el accionar represivo de la fuerza pública hacía el ciudadano que consume.

 

En el pasado lunes de ciudad del 16 de mayo, evento que realiza el teatro Pablo Tobòn Uribe, La Corporación Región y la Ciudad Verde, acerca del tema de drogas ilícitas “De La Habana a las calles de Medellín”, en representación de la Secretaría de Seguridad, Arnulfo Serna, aseguró que “perseguir al consumidor para la institucionalidad es muy desgastante y tiene altos costos en materia logística”.

Estas declaraciones irían en contravía del discurso de la alcaldía de Gutiérrez y del accionar de la fuerza pública en el Valle de Aburrá. Tratar al consumidor como un delincuente es un asunto que raya con lo arcaico y lo retrograda, la política de prohibición o único que ha traído consigo es la guerra; en Medellín se consume drogas y bastante. Según el diario El Espectador, Medellín es la ciudad donde más se consumen drogas en Colombia. Como claro ejemplo de lo anterior están los habitantes de calle, problemática que aún sorprende a la ciudad en general y que es traspasada sustancialmente por el microtráfico y la existencia de las Odin.

Las intervenciones en el centro de la ciudad  parte del alcalde como estrategia contra el lavado de activos ha sido una política que se ha mantenido como propuesta de campaña. En deuda quedará Gutiérrez con sus centros de consumo regulado, por lo menos para la problemática de habitante de calle y para empezar a caminar hacía la recuperación del centro con sus ollas de vicio, su explotación sexual y su prostitución incluidas.

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