Cuando nos dirigimos a las urnas a depositar nuestro voto esperamos que el conteo sea transparente y refleje las voluntades contrarias que conviven en democracia. Y así, como el Estado nos reconoce iguales ante la ley y cada espacio de la vida, no le interesa conocer el voto de cada ciudadano, si no que hayan mayorías para avalar y emprender las políticas que corren con cada tiempo.

Por esto, y porque Colombia no es una dictadura ni una democracia iliberal, cada ciudadano confía que su voto no le interesa a la Registraduría, la cual entrega resultados y boletines más rápido que cualquier autoridad electoral de América Latina.

Pero mi voto sí puede interesar a otro ciudadano, y de hecho los ciudadanos emprenden campañas a favor y en contra de proyectos políticos que necesitan votos para obtener carácter ejecutivo y vinculante.

Y esto es cierto, pero también lo es que si alguien no quiere revelar su voluntad política en unas elecciones o convocatoria a las urnas, está en todo su derecho político a hacerlo.

Hemos escuchado las distintas voces a favor del Sí y del No por el plebiscito; y, de hecho, las campañas se han apuntado a posturas ciertamente agresivas desde que se hizo la convocatoria a los pocos días de haberse firmado el acuerdo en La Habana.

Es apenas obvio que los partidarios del Sí quieran ganar y pasar el umbral, y los del No que ocurra lo contrario, pero también es obvio que, en vista del nivel de polarización y agresividad que ha despertado el tema, algunos prefieran guardar silencio y simplemente respetar ambas posturas.

En Medellín el tema ha dado para mucho, incluso para pedir que el alcalde de la ciudad, Federico Gutiérrez, anuncie su postura a favor del Sí. Todo resultó en un desacierto por parte de los promotores de la iniciativa y del alcalde mismo, al publicar un pantallazo de una conversación que sostenían aquellos partidarios del Sí.

A mí me ha parecido más que acertada la postura de Gutiérrez, pues si bien ha mantenido silencio al respecto, también ha sabido respetar la posturas y disidencias de los miembros de su movimiento, incluso de los dos concejales que tiene el movimiento Creemos en el concejo de la ciudad.

Y su silencio me ha parecido acertado porque si el país está polarizado, Medellín lo está aún más. Recordemos que en las elecciones locales pasadas, Antioquia y Medellín se midieron entre el santismo, el uribismo, el fajardismo y el movimiento Creemos. Por tanto, los resultados electorales fragmentados de ese entonces reflejan las distintas tensiones que se miden hoy en las campañas del plebiscito que, sin más, solo puede aumentar la polarización en un tema bastante álgido a solo dos opciones: Sí y No.

De este modo, si el alcalde ha respetado las posturas de los partidarios del Sí y del No, y que incluso la alcaldía y las autoridades de Medellín han estado al tanto de que no se presenten desmanes en los eventos organizados por los distintos promotores, lo mínimo que podemos esperar es que también respetemos su silencio y el de todos los que han optado por él.

Pues, sin más merodeos, detrás de quienes quieren que Gutiérrez se incline a favor del Sí o del No está el interés electoral de jalonar votos para un lado u otro.

El silencio puede ser un silencioso Sí, un silencioso No, un silencioso aún no lo sé, o un silencio no lo diré. Lo más democrático de hacer es respetar la democrática decisión de alguien aunque no sea igual la mía.

Si se trataba de querer conocer la postura del alcalde, ya él la ha dicho: su postura la conserva para él. Y ese es un derecho constitucional y político primario.

Por otra parte, Gutiérrez y el secretario de seguridad han hecho énfasis en más de una vez que, independientemente del resultado que arrojen las negociaciones de La Habana o el plebiscito, implementarán las medidas que se requieran, vengan o no de ese acuerdo, para generar paz territorial en Medellín.

Así que Federico, respeto su postura y la de cualquiera a decir Sí, No o no lo quiero decir. Me parece sano y acertado mantener una postura privada al respecto sin alimentar la polarización en una ciudad con una historia de cruda violencia como Medellín, y precisamente por esa historia, esta vez es más que necesario sostener una postura comedida al respecto.

Por último, hay muchas cosas de los acuerdos que me desagradan; pero, en su totalidad, me parecen más los beneficios que los perjuicios. De manera que soy partidario de que se implementen los acuerdos aún si votase en contra, y creo que en ello estamos de acuerdo muchos de los que ya optamos por guardar silencio.

 

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