La historia de una mujer de 24 años que ha pasado casi la tercera parte de su vida en una habitación sin salir, sin ver el mundo exterior, junto con su pequeño hijo de 5 años que lo único que conoce del mundo son las cuatro paredes que comparte con su madre, los objetos a los que les da los “buenos días” en las mañanas y el tragaluz que le deja ver una porción de cielo.

Así es “Room”, la película de Lenny Abrahamsom, basada en la novela de Emma Donoghe con la que los espectadores experimentan sentimientos de desesperación, ansiedad y, finalmente, incertidumbre.

La cinta podría separarse en dos momentos. El primero, cuando Joy y su hijo Jack quien acaba de cumplir 5 años viven la rutina que llevan hace años, despertando, comiendo, manteniéndose en forma, leyendo, imaginando. Y el segundo, cuando luego de idear un plan para huir por fin de la habitación y de quien los mantiene secuestrados se intentan adaptar al mundo exterior.

Es una historia auténtica que ofrece un argumento interesantísimo. Pero además su significado y el personaje de Jack, el niño de 5 años, interpretado por Jacob Tremblay le dan a “Room” ingredientes que la hacen muy especial.  

La idea de una mujer sometida por un hombre que se ha obsesionado con ella estando joven y que la ha aislado en un lugar donde solo con él pueda relacionarse habla de la cotidianidad de muchas mujeres que aunque puedan salir de sus casa a comprar leche y pan, o a trabajar para volver puntual a su hogar siguen recluidas. El de Joy tenía cuatro paredes y lo llamaba “habitación”, el de las mujeres fuera del filme se llama machismo.

La forma en la que el machismo es invisibilizado también lo vive en carne propia quien ve la película. Se pregunta por qué esa mujer tendría a su hijo en una habitación tan sucia, con tan poca comida. ¿por qué no sale y se busca un trabajo? ¿por qué no hace algo por ella misma? y sobretodo ¿por qué no hace algo por su pequeño?

El mismo juego en el que cae quien subestima la existencia del machismo y en lo que desemboca, violencia de género.

“Pero las mujeres ya trabajan”, “las cosas están mejor que hace unos años”, “hay muchas mujeres que hoy hacen cosas increíbles”. Incluso, muchas de nosotras le dicen a sus hijas “pero cuando yo era joven era peor”.

Creo que ya podremos darle un ejemplo gráfico a la próxima persona que se atreva a sugerir que ya alcanzamos la igualdad de género y que las mujeres no tienen nada por lo cual pelear.

Lentamente, cuando vamos descubriendo más detalles de la película entendemos que se trata de un secuestro, que no es una elección permanecer confinada en un lugar así. No es una elección de las mujeres ser violentadas, porque ponerse una falda es una elección que no incluye el hecho de ser acosada en la calle.

“Room” volvió esa delgada línea entre la elección y la violencia de género, gruesa, gruesísima, para la ilustración de muchos.

Hay quienes hacen de maltratadores, hay quienes permanecen cómplices de ello, en la película sabrán identificar muy bien quiénes son unos y otros.

También hay héroes. Como el pequeño Jack, quien en buena parte de la película nos hace creer que en realidad es una niña y el hecho de que lo traten como a un niño nos cuestiona sobre si también esto hace parte de la cadena de malos tratos, como si insinuara que ser niña es una vergüenza.

Luego comprobamos que en verdad era un niño y que lo que parecía desafiar los cánones del género en realidad era lo obvio: no haber salido de una habitación en 5 años desde que nació.

Lo cual también es una lección para el feminismo, la de convertir a los hombres en aliados, la de usar el principio de la buena fe y dejar de ver enemigos.

El próximo 28 de febrero conoceremos los ganadores de los premios de la Academia, “Room” tiene 4 nominaciones y se exhibe en este momento en las salas del país.

Este año no ha sido particularmente sorprendente en lo que respecta a las películas que se disputan el Oscar. “Room” es un filme muy bien logrado y una elección que seguro no decepcionará a quien compre la boleta.

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